Wednesday, November 21, 2012

Una cita en SICU05




De manera sutil casi sigilosa una mujer pone lo que parece una bandeja de alimento sobre la mesa del cuarto de mi mama. Se retira y mi papa se levanta. Con pasos suaves y movimientos envueltos en uno de sus múltiples silencios, acerca la bandeja hacía mi madre. En esa instante inicia uno de los mejores momentos del día, el la corteja con un amor que solo puede construirse después de casi 50 años de matrimonio. Le acaricia el pelo, le pasa la sopa y le conversa y admira mientras ella se alimenta. No puede considerase una cena con velas y violines pero indudablemente es una cita romántica a la cual ellos se han juntado. Se sonríen y coquetean mientras ella refunfuña contra el sinsabor de los alimentos que le han traído. El cambia sus sonidos por risas y suaves comentarios de burla coqueta a sus quejas. La admira y responde a sus preguntas, a sus miles de preguntas sobre la sopa, sobre su herida, sobre el proceso que están viviendo. Yo me alejo, me siento en otro lugar a admirar lo que solo el tiempo, la lucha y su complicidad han construido. Un lenguaje de señas y silencios, de risas y sobre todo de calma, la calma que se generan el uno al otro. El camina dos pasos al pie de su cama y se acerca de nuevo a su lado y la vuelve a mirar. Ella pregunta por el segundo plato y el le enseña, se quejan juntos y el empieza a cortar lo que parece un pollo. Se sonríen, es la primera vez que le veo a él sonreír después de la operación. Le acerca el segundo plato y se aleja de nuevo mientras ella se queja sobre el arroz, vuelven a sonreírse. No, no es la escena de una película de Hollywood, no es la cita al atardecer pero a esta hora, todos los días, ellos se juntan a pasar su complicidad en el cuarto de un hospital y sin querer notarlo se convierten en la pareja más romántica del piso de cuidados intensivos, el en sus silencios, ella en su dolor, y ambos envueltos por ese amor incondicional que hace 50 años se juraron cuidar.

4/oct/2012

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