
No se por qué me deje llevar una vez más por una situación efímera. No le temo a la muerte en si, al no existir, al dejar de ser, le temo a esta absurda sensación de desprendimiento. Al vacío del vacío, a la sensación de vértigo que me provoca desaparecer o desaparecerte. No sirve de nada pelear contra el desmembramiento porque la misma corporización de la sensaciones es inexistente. Las relaciones son solo el habla, la clasificación del otro para olvidar la muerte subjetiva. ¿Vale la pena simular la vida, enamorarse, soñar, compartir cuando éstas son solo la nostalgia de lo inexistente? ¿Por qué peleamos contra la muerte del yo simulando sensaciones frente a espacios y sujetos efímeros, que, aunque nos apegamos como náufragos, estos solo nos reafirman con su vacío la muerte del ser? Lo efímero del ser es considerarse eterno, considerarse sustancia, afirmarse con el vacío, con la muerte en cada espacio. La vida es siempre la reafirmación de la muerte.
No comments:
Post a Comment