
Respiraba, y de pronto todo fluía, yo fluía con el viento y “vamos, vamos ya estamos en la mitad”. Sentía mi cuerpo, mis brazos, mis piernas, mi espacio, el agua suave, las olas que me golpeaban. Poco a poco el cuerpo pasaba a ser parte liquida del entorno, todo se estabilizaba y yo pasaba a un estado inerte pero tranquilo, en paz.
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