Monday, March 08, 2010

....tierra y agua despertaron, gritaron....






Santa Cruz, Galápagos/27/02/2010


“Yo me puse chanclas y con mi bata comencé a caminar, a mi no me importo nada”, le decía una joven pequeña con uniforme de trabajo a su amiga, “solo pensaba en llegar arriba”. Miles de camionetas con gente abarrotada de miedo y lagrimas se unían a la caravana silenciosa. Subían poco a poco las pisadas que se mezclaba con el sonido de las motos y las ruedas de las bicicletas, generando una procesión forzada al barrio de Bellavista en Santa Cruz, Galápagos. “Solo sabíamos que venia un tsunami” me decía Inés mientras miraba atenta al muelle. Galápagos amanecía el 27 de febrero del 2010 con alerta de tsunami. La tierra había rugido al sur del continente y sus vibraciones recorrían las mareas con un efecto migratorio acelerado.

A las 6 am poco a poco se comenzó a recoger el mar, era como si estuviera marchando en retro, se retiraban las aguas y cogian fuerza, los barcos huérfanos de la bahía quedaban sueltos tambaleándose en la arena. Parecía que se había abierto un tapón de tina en la tierra y el océano desaparecía por allí. En cuestión de segundos esta teoría marcaba un tiempo distinto, todo ese flujo se volvía más fuerte, las islas habían parado toda posibilidad de que se forme una ola pero la presión venia con impulso y comenzaba a poner bajo agua a Santa Cruz. El mar se tornaba torrente y las corrientes daban un discurso de ira y poder. Estábamos frente a un tsunami inofensivo pero impresionante, se movilizaban litros y litros de liquido salado, no había agenda en su movilización, era como un río desbordado. Era un tiempo y espacio disparejo, los minutos y horas de una marea se convertían en segundos de cambio, la gente se angustiaba, los marineros buscaban comprender a su compañero de vida, el mar no se dejaba leer, se aglomeraba en espacios inhóspitos y en cuestión de segundos se alejaba, tentaba al miedo y asustaba a la incertidumbre.

Las horas pasaron, eran ya las 2 de la tarde y seguía éste vaivén de movimiento, con giros y flujos distintos se pintaba todo en colores grises y verdes. El mar nos decía algo, algo más fuerte que una simple advertencia, el 27 de febrero éste comenzó a hablar junto a la tierra, comenzó a amenazar a la propia amenaza, comenzó a ubicar al ser humano. El 27 de febrero, la tierra y el mar dieron su ultimátum, somos más fuertes, más nobles y más bravos, se acabo el maltrato a nuestro cuerpo, se acabo la violencia a la tierra que nos da de comer y al mar que nos cuida cada noche. La tierra no comenzó a rugir sola, el mar no se movilizo solo, nosotros los levantamos y esta vez no podremos callarlos más.

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